¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!» (Is. 52:7)

Hace 25 años los Misioneros Claretianos llegaron a Taiwán. Esta misión nace como agradecida respuesta a la Beatificación de los Mártires de Barbastro, entre los que se encontraban varios que habían soñado con ser testigos del Evangelio en China. Los planes de Dios fueron otros, tanto para ellos como para la Misión Claretiana en Tunxi-Huangshan (Anhui). Si a mediados de agosto de 1936 iban  cantando hacia su martirio los jóvenes misioneros, 13 años después salían expulsados de China los últimos Misioneros Claretianos.
Más de medio siglo después de la locura de Barbastro se honraba su ímpetu misionero abriendo una posición misionera en Taiwán. Hace 25 años que llegamos a Taiwán y también hace 90 años que los Claretianos fundamos en China.

Por esta razón y aprovechando el Encuentro Misionero sobre China festejamos este aniversario con una eucaristía en la parroquia que servimos en Keelung, ciudad portuaria al norte de Taipei. Fue una celebración sencilla; 5 años antes ya habíamos celebrado por todo lo alto el vigésimo aniversario.

Fue una celebración agradecida; sin la inestimable ayuda de la iglesia local, laicos y congregaciones no hubiéramos llegado hasta aquí. La misión que avanza y crece lo hace porque la iglesia local la impulsa; sin ese soporte sería como esa semilla de la que habla Jesús, que cae en terreno rocoso cuyo brote se marchita con los primeros calores. De todo corazón, gracias… vuestra fidelidad y apoyo ha subsanado, con creces, nuestras limitaciones, las de la carne y las del espíritu.

La Misión claretiana en Taiwán nacida como un reto para retomar la presencia en China ha sido capaz de evolucionar para poder ahondar sus raíces en esta tierra taiwanesa sin olvidar su intención original.

Que, como misioneros, nunca nos puedan las fronteras, los nacionalismos, las divisiones, las exclusiones… que siempre y ante todos seamos y nos sintamos ciudadanos del Reino… que es Paz, Libertad, Amor, Justicia, Vida y Verdad, todo con mayúsculas porque de Dios viene y con nosotros, comunidad levadura, sal de la tierra y luz del mundo, se anticipa.

Gracias Taiwán, gracias Congregación querida.