Aún tengo en mi memoria el momento en que, volando a Tierra Santa (lugar de nacimiento y muerte del Señor Jesus) me repetía a mí mismo: “este viaje que consideraba imposible es, ahora, toda una realidad”.
El Señor Sasaki -nuestro guía- nos recibió en el Aeropuerto de Tel-Aviv por la noche y en autobús llegamos a Jerusalén.
Al día siguiente, comenzó mi camino más allá de simples fotografías o la misma imaginación, pues tenía ya ante mis ojos el escenario real del paisaje de la ciudad y seguía atónito aferrado a que esto seguía siendo un sueño.
El primer destino de peregrinación fue el Monte de los Olivos. Lugar donde el Señor Jesus veía con lamento la ciudad de Jerusalén. En la Iglesia construida en su memoria ofrecimos la Misa, bajamos luego al Valle del Cedrón para ir al Monte del Templo. Pasando por el Muro de las Lamentaciones pudimos apreciar a nuestro paso la existencia de mezquitas, sinagogas e Iglesias que fueron levantadas en el periodo posterior a David y Salomón a lo largo de unos 2,000 años. Es decir, sobre las ruinas de este periodo ahora aparecen otras muchas construcciones pertenecientes a las eras Bizantina, Persa, Árabe, Las Cruzadas, Periodo Kurdo Saladín, Mameluco, Otomano y Árabe Populista.
El primer (Salomón) y segundo Templo de Jerusalén, renovado y ampliado por Herodes el Grande, en época cercana a la de Jesús, se levantaron aquí y éste último fue destruido unos 40 años después de la muerte de Jesús. Sobre sus restos se levantó una Mezquita a finales del siglo VII que es considerada por los musulmanes “Tierra Santa”. Aún puede apreciarse una parte del Templo, el famoso “Muro de las Lamentaciones”, donde los judíos lloran y se lamentan de tan terrible perdida. Cerca de este lugar se encuentra el “Santo Sepulcro” que es administrado por el cristianismo, y efectivamente, También para los cristianos representa nuestra “Tierra Santa”.
Reconozco que, en mi sueño, me imaginé muchas veces estos paisajes donde moraba Jesús, y al estar físicamente ante ellos y ver la ciudad de Jerusalén, lo que sentí es que esta Tierra Santa es ahora tierra de grandes conflictos político-religiosos creados por hombres con ávidos de poder.
Después de Jerusalén, descendimos unos 1,200 metros hasta llegar a la depresión de 400 metros bajo el nivel del mar, la mayor del mundo, que rodea el Mar Muerto. Los 40 grados centígrados y el sol ardiente nos obligaron a tomar medidas contra el golpe de calor y optamos por disfrutar un poco de las bondades terapéuticas del Mar Muerto tomando un chapuzón.
Posteriormente fuimos a la zona de las cuevas de Qumrán, luego Masada, Jericó (La “Ciudad Oasis” más Antigua del Mundo), el lugar del Bautismo de Jesus en el Jordán y finalmente a la zona de Galilea que con tanta ilusión esperábamos visitar.
A diferencia la zona del Mar Muerto donde solo se puede ver y sentir el desierto, la zona del Mar de Galilea es verde y hermosa. Se acabó el calor extremo.
Ahí visitamos el Monte donde el Maestro dio su gran Sermón, y la Iglesia que tiene el mismo nombre. Visitamos la ribera del Mar de Galilea donde igualmente el Señor Resucitado desayuna junto con sus discípulos y prepara ahí mismo su mesa, o el lugar simbólico donde Pedro recibe la autoridad del Señor para pastorear su Iglesia. Magdala, lugar donde la tradición habla del Milagro de la multiplicación con cinco panes y dos pescados; en un restaurante local pudimos degustar el famoso “Pescado de Pedro”. De ahí tomamos el autobús rumbo al Monte Hermón, las ruinas de Cesarea de Filipo y el Rio Jordán (convertido ya en un pequeño riachuelo). La belleza de este lugar me prendo y pensé que es fácil hacerme adicto a este hermoso paraje.
Dios hace crecer a sus hijos, y para educarles, les pone en tres lugares teológico-pedagógicos:
El Mar de Galilea, el Mar Muerto, y el Desierto.
1. Mar de Galilea: Los hijos que, cuando crecen, son capaces de dar vida. Es la imagen de la alegría que provoca ver a un niño que se hace adulto.
2. Mar Muerto: Los hijos que nunca aprenden a dar. Es la imagen de un ser humano muerto.
3. Desierto: Representa la muerte del “yo” (egocentrismo). Es donde Dios nos conduce para encontrar el camino a seguir (En camino hacia el “Mar de Galilea”).

Estoy muy agradecido a la Delegación de Asia Oriental y a mi comunidad de Hirakata por facilitar esta oportunidad para realizar este viaje en peregrinación a Tierra Santa.

Masakawa Nobuo, cmf
Vicario Parroquial de Hirakata.